La cooperación entre Cuba y Venezuela: Un objetivo de guerra para EE.UU.
Esta alianza no es una historia reciente ni improvisada; posee raíces profundas y su destrucción se ha convertido en un objetivo estratégico primordial para los Estados Unidos.
El líder cubano Fidel Castro con el líder venezolano Hugo Chávez. Foto: Granma
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Tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, la relación bilateral, inicialmente cordial, se deterioró con rapidez. Con la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y el ascenso de Rómulo Betancourt al poder, Venezuela se convirtió en el principal antagonista regional de Fidel Castro. La “Doctrina Betancourt”, alineada a los intereses de Washington, llevó al rompimiento de relaciones y lideró la expulsión de Cuba de la OEA en 1962.
La tensión alcanzó su punto álgido con el desembarco de Machurucuto (1967), donde una docena de efectivos militares cubanos y guerrilleros venezolanos intentaron iniciar un foco insurgente en las costas de Miranda. Este evento fue utilizado por la administración de Raúl Leoni y de los EE.UU. para consolidar la narrativa de la Revolución Cubana como el “enemigo externo” de Venezuela y avanzar en la política y la estrategia militar del anticomunismo en este país.
Sin embargo, para la izquierda venezolana, Cuba siempre fue un faro. Pese a la represión de la democracia puntofijista, la Sierra Maestra inspiró a una generación de jóvenes que vieron en esa gesta un modelo a seguir. Movimientos como el MIR y las FALN (bajo figuras como Fabricio Ojeda) buscaron replicar el “foquismo” en las montañas venezolanas, manteniendo vivo un vínculo ideológico que resistió la subordinación de los gobiernos de turno al mandato estadounidense.
1994: El encuentro que cambió la historia
El 14 de diciembre de 1994 marcó un punto de inflexión. Hugo Chávez, recién salido de la cárcel tras la rebelión militar de 1992, aterrizó en La Habana y fue recibido con honores de Jefe de Estado por el propio Fidel Castro al pie de la escalerilla del avión.
Ese gesto, calculado y visionario, no solo legitimó a Chávez como el futuro líder de la izquierda continental, sino que sembró la semilla de una relación política y personal que se convertiría en la base de una alianza estratégica sin precedentes.
La Revolución Bolivariana y la Revolución Cubana: Un nuevo modelo de integración
Con la llegada de Chávez al poder en 1999, la retórica se transformó en acción concreta. El Convenio Integral de Cooperación Venezuela – Cuba, firmado el 30 de octubre de 2000, se erigió como la piedra angular de esta nueva etapa. Se estableció un mecanismo de compensación solidaria inédito: Venezuela garantizó el suministro energético a la isla bajo condiciones financieras justas, mientras que Cuba retribuyó con su capital más valioso: el talento humano y avances científicos.
Este intercambio dio origen en Venezuela a las Misiones Sociales, brazo ejecutor de la política social del chavismo:
Misión Barrio Adentro: Lleva la salud primaria gratuita a los rincones más humildes del país con miles de médicos cubanos.
Misión Robinson: Erradicó el analfabetismo en Venezuela (reconocido por la UNESCO en 2005) mediante el método “Yo, sí puedo”.
Misión Milagro: Devolvió la vista a cientos de miles de latinoamericanos mediante cirugías oftalmológicas gratuitas.
Más allá de lo social, la cooperación abarcó áreas estratégicas como la modernización del sistema de identificación (SAIME), el desarrollo agrícola y la masificación deportiva.
La alianza en defensa y los héroes mártires cubanos
La dimensión más sensible y profunda de esta alianza ha sido la cooperación en seguridad y defensa. Cuba desempeñó un rol clave en la reestructuración de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y en la actualización de la doctrina de inteligencia y contrainteligencia, preparando a la nación para escenarios de guerra asimétrica.
Es en este contexto de hermandad combativa donde se inscribe el reciente hecho de los 32 cooperantes militares cubanos caídos en combate. Estos hombres perdieron la vida en territorio venezolano durante la agresión directa de los Estados Unidos perpetrada el 3 de diciembre, operación que derivó en el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y la Primera Dama y Primera Combatiente, Cilia Flores.
Este hecho de sangre no es aislado; responde a la mística internacionalista histórica de la Revolución Cubana. Es la misma vocación que llevó a sus combatientes a África para luchar por la liberación de Angola y Namibia y ayudar a derrotar al apartheid. Hoy, la muerte en combate de estos 32 cubanos, junto a más de 50 militares venezolanos, sella definitivamente con sangre una relación de hermandad entre dos pueblos que, juntos, enfrentan la fase más violenta y desesperada del imperialismo estadounidense.
Carmen Navas Reyes es una politóloga venezolana, con maestría en Ecología para el Desarrollo Humano (UNESR). Actualmente cursa un doctorado en Estudios de Nuestra América en la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG) en Venezuela. Forma parte del Consejo Asesor Internacional del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
Este artículo fue elaborado por Globetrotter.




